Acciones locales para soluciones globales: el papel de las ciudades para preservar la naturaleza

Carolin Hoffmann / octubre 27, 2021

Informes y estudios recientes han dado noticias sobre el estado crítico de la naturaleza: más del 70 por ciento del suelo libre de hielo está ahora bajo el control humano y cada vez se degrada más por actividades como la agricultura, la deforestación, la extracción de recursos naturales y la falta de control del crecimiento urbano.

Estas acciones promueven de manera directa e indirecta la fragmentación de los ecosistemas y la pérdida de la biodiversidad. Más de un millón de especies están en peligro de extinción (una de cada ocho de las especies que existen en la actualidad). Además, los principales científicos del mundo advirtieron que la naturaleza está desapareciendo a un ritmo entre decenas y cientos de veces superior a la media de los últimos 10 millones de años.

Y no es que hayan faltado buenas intenciones en el pasado para detener estos problemas. En 2010, los países miembros del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD por sus siglas en inglés) acordaron 20 objetivos para la protección y el uso sustentable de la biodiversidad que debían cumplirse antes de 2020. Estas “Metas Aichi” comprendieron metas desde la integración de la biodiversidad en los procesos de planificación y desarrollo a nivel nacional y subnacional, la reducción de las diferentes causas directas de la perdida de la biodiversidad (como la sobrepesca y la contaminación), hasta la movilización de recursos financieros para lograrlas.

La contaminación de los ecosistemas, aquí en el Arroyo Moreno de Boca del Río, Veracruz, es una de las principales causas directas de la pérdida de la biodiversidad. Foto: GIZ México

A pesar de algunos avances, no se logró el cumplimiento de ninguno de los 20 objetivos. Las razones son múltiples, entre ellas la falta de voluntad de los países para priorizar la biodiversidad en su agenda política y promover reformas de diferentes sectores. Otra razón son las altas inversiones continuadas en actividades que impactan de manera negativa a la biodiversidad, por ejemplo, la agricultura industrial y la pesca a gran escala.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la población mundial provoca el crecimiento urbano y el consumo de productos para cuya producción se extraen recursos naturales, se talan bosques y se contaminan los ecosistemas. Esto muestra que la pérdida de la biodiversidad tiene múltiples causas directas e indirectas, y que se requieren esfuerzos en varios sectores y niveles políticos para frenar estas tendencias.

2021 se ha nombrado en varias ocasiones como el año para reconciliar la humanidad con la naturaleza. La evidencia científica señala que para resolver este reto será necesaria la acción global y coordinada. Por ello, los países miembros del Convenio sobre la Diversidad Biológica negocian un nuevo marco global para la diversidad biológica. El borrador del nuevo marco se está negociando en varias rondas, la última tuvo lugar del 11 al 15 de octubre 2021 y concluirá en mayo de 2022.

Teoría de cambio del nuevo marco mundial para la diversidad biológica [1].

Los 21 objetivos del nuevo marco mundial se dividen en tres secciones principales: reducir las amenazas para la biodiversidad, utilizarla para satisfacer las necesidades de las personas y desarrollar las herramientas y soluciones necesarias para alcanzar estas metas. Al igual que su predecesor, incluye metas que exigen la reducción de las inversiones perjudiciales para la biodiversidad y la reducción de la contaminación de todas las fuentes, incluidos los residuos plásticos. Y también hay nuevos elementos: la importancia de las ciudades para la conservación de la biodiversidad se refleja a través de una meta sobre los espacios verdes y azules en zonas urbanas y otras zonas densamente pobladas (meta 12).

Las nuevas metas, por muy adecuadas que sean, no garantizan por sí solas el cambio necesario. Entonces, ¿qué hay que hacer diferente en esta década para cumplir con el nuevo marco mundial? Claramente, se necesitan acciones a nivel subnacional para garantizar la implementación de las metas: sin compromiso en lo local, no habrá cambios globales. Los gobiernos locales y subnacionales – en particular las ciudades, ya que planifican, coordinan, regulan, supervisan y refuerzan los patrones de producción y consumo – tendrán un papel crucial para el cumplimiento de hasta dos tercios de los nuevos objetivos de biodiversidad para después de 2020 [2].

Esto se debe a que las decisiones que se toman en las ciudades determinan cómo la sociedad impacta al paisaje y la naturaleza. La gobernanza de las ciudades comprende temas como la infraestructura urbana, la regularización de emisiones, la contaminación y la gestión de los residuos. Las consecuencias sobre cómo las ciudades gestionan estos temas no se limitan a sí mismas, dado que afectan la calidad del aire, el suelo, el agua, los ecosistemas y la vida de las personas más allá de las urbes.

Las ciudades mexicanas costeras y su potencial contribución para proteger la biodiversidad

En el caso de México, los ecosistemas sufren una gran presión por el crecimiento poblacional y un desarrollo urbano desordenado, con efectos negativos sobre la biodiversidad – particularmente los ecosistemas costeros – como mostramos a mayor detalle en este artículo de nuestro blog. Mejorar la protección de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos en regiones costeras urbanas es clave para frenar y revertir la pérdida de biodiversidad a nivel local y regional.

Por ello, a través del proyecto “Desarrollo sustentable de regiones costeras urbanas mediante la integración de servicios ecosistémicos y biodiversidad” (BIOCITIS), implementado por la Cooperación Alemana al Desarrollo Sustentable (GIZ) y que tiene como contrapartes al Gobierno de México a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), los gobiernos locales de tres regiones costeras pilotos y, como aliados, a actores de la sociedad civil, academia y sector privado se trabaja para lograr la integración de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos en la planeación y el desarrollo urbano de las ciudades costeras de México.

GIZ México trabaja para fortalecer la integración de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos en ciudades costeras como Los Cabos. Foto: GIZ México

En particular, se optimizará la gestión de 40,000 hectáreas de ecosistemas en las zonas costeras urbanas. Actualmente, el proyecto implementa iniciativas locales alrededor de 3 ejes: 1) conservar, proteger y restaurar los ecosistemas en las regiones costeras, 2) revitalizar espacios públicos y promover espacios verdes en zonas costeras, 3) educar y sensibilizar a la población y diferentes sectores políticos y económicos sobre la importancia de los ecosistemas en las zonas costeras.

De esta manera, se combina la protección, restauración y gestión sostenible de los ecosistemas con la planificación, gestión e infraestructura urbana, integrando estos elementos con otros temas claves como la resiliencia, salud y economía. El enfoque del proyecto es holístico y multisectorial, lo cual permite atraer a los actores que influyen en los cambios del uso de suelo o presiones sobre los ecosistemas, como los sectores turístico de gran escala, inmobiliario, agrícola, entre otros.

Así, la GIZ México coopera para crear experiencias e impactos que contribuirán – desde lo local – particularmente a la meta 12 del nuevo marco mundial para la biodiversidad: “Aumentar la superficie de espacios verdes y azules en zonas urbanas y otras zonas densamente pobladas, el acceso a esos espacios y los beneficios que brindan para la salud y el bienestar humanos”.

Los ecosistemas en las zonas (peri-) urbanas, como el Parque Ecológico Estatal de Bacalar, no solamente contribuyen al bienestar humano, sino también a la protección contra riesgos y fenómenos naturales extremos. Foto: GIZ México

Adicionalmente, los resultados de BIOCITIS abonarán a la meta 11 relacionada con la protección contra riesgos y fenómenos extremos, a través de la implementación de medidas de infraestructura verde que fortalecerán la resiliencia de las ciudades al cambio climático y proyectos locales que contribuyen a la reducción de riesgo de desastre. A través de la actualización de los instrumentos de planeación territorial y urbana, el proyecto también contribuirá a la meta 14 relacionada con la integración de la biodiversidad en políticas, normas, la planificación y procesos de desarrollo.

Reconciliar la naturaleza con la humanidad es de nuestros retos más importantes, no solo para frenar la pérdida de biodiversidad, sino también para disminuir los efectos del cambio climático y prevenir futuras pandemias. Una parte de la solución está en nuestras ciudades, y existe una amplia gama de herramientas para un desarrollo urbano más ecológico e inclusivo. ¡Implementémoslas!


Referencias

[1] Primer proyecto del Marco Mundial de la diversidad biológica posterior a 2020. Disponible en: Update of the zero draft of the post-2020 global biodiversity framework (cbd.int)

[2] Reshaping our future through local and subnational biodiversity action. Disponible en: https://cbc.iclei.org/reshaping-our-future-through-local-and-subnational-biodiversity-action/#_edn1

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