Sin azul no hay verde: ciudades y regiones costeras sustentables

Guadalupe Wallace / julio 19, 2021

México es un país privilegiado al contar con más de 11,000 km de costas, las cuales atraviesan 17 estados (56 por ciento del territorio nacional) e influyen sobre 263 municipios, en los que habita cerca del 40 por ciento de las y los mexicanos. Además, las regiones costeras son de especial relevancia para la economía, pues generan cerca del 36 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y concentran el 75 por ciento de los empleos del sector turístico.

Foto: GIZ México.

Los ecosistemas de las zonas costeras son la columna vertebral de su desarrollo económico. La mayor parte de los bienes y servicios que se producen en ellas dependen directamente de los servicios proporcionados por la naturaleza, como la pesca, el turismo, el transporte marítimo, o la producción y el transporte de hidrocarburos. Sin embargo, sus beneficios van más allá de la economía, ya que son el soporte para la regulación del clima y el mantenimiento del clima y la biodiversidad, la salud y la identidad sociocultural de muchas personas que habitan tanto dentro, como fuera de ellas.

La combinación de ecosistemas terrestres y marinos hacen de las ciudades costeras un lugar especial, donde se expresa mejor que cualquier otro sitio, la idea que sin “azul no hay verde”[1].

Las bahías, barras costeras, playas arenosas, lagunas costeras, los estuarios, sistemas lagunares-estuarinos, arrecifes, humedales y dunas costeras, representan un refugio esencial para mantener la biodiversidad y la crianza de diversas especies. Además, sirven como un depósito y un filtro natural que mantiene los ciclos del agua, la cual, a su vez, se aprovecha para el desarrollo de las actividades agropecuarias e industriales, lo que ayuda a garantizar la seguridad alimentaria.

Además, los ecosistemas de zonas costeras contribuyen a reducir la cantidad de gases efecto invernadero en la atmósfera, evitan la erosión del suelo, permiten el desarrollo de actividades portuarias, inmobiliarias y turísticas, aportan a la recreación y esparcimiento y protegen a las comunidades de los efectos provocados por eventos climáticos extremos, como inundaciones y huracanes, ante las cuales son altamente vulnerables.

Foto: GIZ México.

Por otra parte, las costas se encuentran cada vez más afectadas por el crecimiento poblacional y los asentamientos humanos. La expansión urbana y actividades asociadas como el turismo modifican los usos del suelo, especialmente sobre el litoral costero y ejercen una importante presión sobre el mantenimiento de su biodiversidad y la integridad de los ecosistemas y sus servicios.

Cuando el desarrollo urbano es desordenado, o cuando se implementan prácticas de producción y consumo poco sustentables, las consecuencias son la fragmentación, degradación e, incluso, la pérdida de hábitats naturales, así como la sobreexplotación de los recursos naturales.

Lo anterior vulnera la resiliencia de las comunidades frente a los efectos del cambio climático e incrementa el riesgo de que ocurra un desastre, eleva la probabilidad de que la población padezca enfermedades, y reduce sus posibilidades para conservar sus medios de vida, empleos e ingresos, poniendo en riesgo, paradójicamente, la “gallina de los huevos de oro”, de la cual depende.

A nivel mundial, y en especial en América Latina y Caribe, las zonas costeras registran un acelerado crecimiento demográfico. Esta situación se explica, entre otros, por la disponibilidad de recursos naturales estratégicos (asociados a la cercanía con el océano), el clima, la disponibilidad de terrenos vacantes (como espacios intermareales y bordes costeros), una mayor inversión pública en infraestructura urbana y patrones históricos de asentamientos en estos lugares.

En el caso de México, entre 1995 a 2005 la población de los estados costeros creció en un 33.4 por ciento y el 73 por ciento habitaba en zonas consideradas urbanas, siendo Quintana Roo, Baja California y Baja California Sur los estados con mayores tasas de crecimiento.

Foto: GIZ México.

Cooperación por ciudades costeras resilientes, prósperas y sanas

En julio de 2020 inició oficialmente en México el proyecto Desarrollo sustentable de regiones costeras urbanas mediante la integración de servicios ecosistémicos y biodiversidad” (BIOCITIS) apoyado por el Ministerio Federal alemán de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ) e implementado por la Cooperación Alemana al Desarrollo Sustentable (GIZ) y el Gobierno de México a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), los gobiernos locales de tres regiones costeras pilotos y otros actores de la sociedad civil, academia y sector privado.

Con este proyecto cooperamos en el eje de ciudades sustentables para potenciar ciudades y regiones costeras resilientes, prósperas y sanas en México, mediante el objetivo de “mejorar la protección de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos en regiones costeras urbanas”.

Al combinar la protección, restauración y gestión sostenible de sus ecosistemas con la agenda de planificación, gestión e infraestructura urbana, apuntamos a colocar en el centro de la acción los temas que preocupan y demandan la sociedad: economía, resiliencia, salud, sin contraponerlos a los desafíos ambientales y climáticos y permitiendo así atraer a los actores que son responsables directos de los cambios de uso de suelo o presiones, como los sectores turístico de gran escala, inmobiliario, agrícola, entre otros, y no solo a aquellos que están sensibilizados sobre la importancia de la conservación.

Foto: GIZ México.

Con ese fin nos orientamos a optimizar la planeación y gestión de 40,000 hectáreas de ecosistemas en tres ciudades costeras, implementar iniciativas locales basadas en la naturaleza, como infraestructura verde, para protegerlos, restaurarlos y compartir los aprendizajes con otras regiones costeras de México, Alemania y otros países.

Las regiones piloto fueron seleccionadas para maximizar el impacto de la cooperación, con base en su volumen de población (mayores a 150 mil habitantes) y por ser representativas de la diversidad de realidades y problemáticas costeras en México. Se trata de las principales ciudades del municipio de Los Cabos en Baja California Sur, donde el turismo es una fuerza modeladora de su transformación; la ciudad de Boca del Río en Veracruz, con una dinámica metropolitana ligada al desarrollo comercial, portuario y de servicios; y las localidades de Chetumal y Bacalar en Quintana Roo, en tránsito de una dinámica agropecuaria a una mayor urbanización y diversificación de sus actividades económicas.

A través de este blog les compartiremos las acciones, resultados e impactos, así como reflexiones y experiencias derivadas de su implementación. En un contexto donde la pandemia por el COVID-19 hizo todavía más evidente la necesidad de una recuperación guiada por principios de sostenibilidad, les invitamos a compartir con nosotros todas aquellas buenas prácticas que demuestre la relevancia de las agendas integrales, entre ciudades y naturaleza, entre los grises, azules y verdes.

Foto: GIZ México.

La mayor parte de los datos cuantitativos fueron retomados de la Política Nacional de Mares y Costas de México, Gestión Integral de las Regiones más Dinámicas del Territorio Nacional. Comisión Intersecretarial para el Manejo Sustentable de Mares y Costas. 2012. SEMARNAT. México.


[1] La expresión tomada de las declaraciones de la oceanógrafa española Elena Ceballos, miembro del proyecto “Ocean Twilight Zone” sobre la zona crepuscular marina, hace referencia a que “los océanos son los pulmones de la tierra, al retener las mayores cantidades de dióxido carbono (CO2) de la atmósfera”. Sin ello no sería posible la regulación del clima en la tierra y con ello la vida. Tomado del Diario El País, 21 de junio de 2021.

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